Historia de Granada

Las falsedades del andalucismo

ROMPIENDO MITOS constituye una lúcida conferencia del profesor e investigador José A. Delgado Molina donde analiza las confusiones que aún hoy se mantienen deliberada y demagógicamente.

Se habla de la herencia arábiga o andalusí de Andalucía y de España, ciertamente, pero, pasando por las admiraciones de los viajeros románticos (Roberts, Murphy) hacia lo hispano-árabe, después se ha llegado a oponer exageradamente al-Andalus a España.

Hubo un orientalismo, un “alhambrismo” extranjero (Adolf Seel, Washington Irving) y español, que llegó a la música (Albéniz) y a la música rusa, francesa, etc.

El concepto de Andalucía como región natural y milenaria está completamente alejado de la realidad y enraizado en una concepción romántica que se forjó por el idealismo de los viajeros y los artistas europeos del siglo XIX.

Toda esta confusión intelectual e histórico-cultural afectó a las ideas políticas, de tal modo que en el Ateneo de Sevilla Blas Infante habló en su momento del mito de al-Andalus en el andalucismo. Hay muchos intereses creados entorno a la figura y la doctrina de Blas Infante para que no se conozcan bien sus entrañas ideológicas, que buscan una identificación con Asia y África, con al-Andalus y la tradición islámica.

Las formas antidemocráticas de Blas Infante y el trato que la presidencia de la Asamblea de Córdoba (29 de enero de 1933) les dispensó provocaron que salieran y abandonaran la reunión los presidentes de Diputaciones, diputados a Cortes, alcaldes, concejales, representantes de Cámaras de comercio, etc. de Almería, Granada y Jaén allí presentes.

Las cuatro bases del andalucismo constituyen creencias: la creencia en una Andalucía eterna, la creencia de que la edad de oro fue la época islámica, la creencia de que la ocupación cristiana fue un desastre y la creencia de que hay que volver a recuperar la Andalucía eterna e islámica.

La primera creencia interpreta erróneamente que la derrota del rey de Tartessos Gerión frente a los fenicios fue en la primera batalla por la independencia de Andalucía, Esta creencia, y las demás, son secundadas actualmente por Fernando Repiso, acérrimo seguidor de Blas Infante.

La segunda creencia de estos ideólogos consiste en identificar que al-Andalus fue la edad de oro de Andalucía. En el ideal andalucista se han confundido los términos andaluz y andalusí. Pero al-Andalus ha tenido un límite fluctuante, nunca definido en las ocho provincias del sur.  Los periodos libres para esta creencia fueron Tartessos y al-Andalus. El escritor Antonio Gala, con su libro El manuscrito carmesí, fomentó esta creencia de esplendores en el medievo andalusí.

La tercera creencia interpreta que la reconquista significa automáticamente, sin matices, un gran desastre para al-Andalus árabo-islámico, y directamente meten el tema de la Inquisición, que ciertamente existió. El andalucismo ideológico pretende olvidar las etapas de arte y cultura gótica, renacentista, barroca, incluso la cultura urbana, porque considera de forma exclusivista que los moriscos, los verdaderos andaluces, son los campesinos.

La cuarta creencia consiste en llamar a la lucha contra el centralismo castellano, juntificándola con antecedentes falsos, como la conspiración de 1641, la Junta de Andújar de 1835, la Constitución federal (puramente teórica) de Antequera de 1883.

La quinta creencia consiste en ocultar la Historia como arma para engañar a todos los andaluces. Han inventado un escudo de Andalucía “una, grande y libre” que se basa en esas creencias y dogmas pseudohistóricos. Por este motivo, han suplantado en la mente y en el sentimiento de los granadinos la idea y el sentir de Granada por la “plasta pegajosa” de Andalucía.

La cartografía española y europea de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, así como el libro de Miguel Lafuente Alcántara “Historia de Granada” desmienten totalmente la existencia de una Andalucía única desde el Atlántico hasta el cabo de Gata.

“Hasta 1833 los documentos geográficos más fiables distinguieron entre Andalucía y Granada, y aquella (Andalucía) fue definida imprecisamente.” (Antonio López Ontiveros)

El regionalismo granadino, anterior al andalucismo, ha tenido entidad propia desde 1897 y representantes destacados en Antonio Gallego Burín, Fernando de los Ríos, Manuel Fernández Montesinos, Francisco Seco de Lucena. Un hito de la conciencia regional granadina fue la aprobación de unas bases para un Estatuto de Autonomía de Andalucía Oriental, en 1924, impulsadas por la Diputación de Granada, que tenían un apartado específico de descentralización (respecto de la capital regional, Granada) y con la previsión de una asamblea regional rotatoria por las capitales provinciales.

La trascendencia de los posicionamientos (una Andalucía Oriental) de los líderes de las provincias de Almería, Jaén, Granada y Málaga tuvo su reflejo inmediato en la prensa madrileña de 1932 y 1933, que publicó los acuerdos tomados en contra del Estatuto Andaluz de esa época. La unanimidad de los líderes granadinos se mantuvo hasta el final de la Segunda República (1936).

Desde un punto de vista político e institucional, es evidente que esa Andalucía única de las creencias fantasmales no existe desde hace siglos, no ha tenido nunca unas instituciones comunes ni un derecho propio como se dio en otros territorios, y no ha tenido existencia histórica hasta que pasó a ser travestida de comunidad autónoma.

Andalucía tampoco es una región natural. La mayoría de los geógrafos repudian y no admiten la unidad natural de Andalucía, ni tampoco es posible probar su existencia y perdurabilidad milenarias. A pesar de ello, los redactores del Estatuto de Autonomía de 2007 se atrevieron a incluir una falsedad al referirse a Andalucía como “pueblo asentado desde épocas milenarias en un ámbito geográfico diferenciado” (con estas lindezas enseñan historia a los jóvenes via educadores y a los mayores via televisión).

“Que una idea del pueblo tan infundada científica o antropológicamente como desacreditada por el saber histórico la sostengan con tanta convicción algunos dirigentes políticos no tiene nada de extraordinario (…) Más inquietante es que esas leyendas, redactadas además en prosa tan infecta, queden consagradas en leyes que tienen el rango de fundamentales.” (Antonio Muñoz Molina)

Incluso el parlamentario andaluz Juan Manuel Sánchez Gordillo, “musa de la CUP catalana”, ha recogido los frutos de esta confusión para declarar en nombre de su partido, integrado en Izquierda Unida, que “Andalucía no es España”, que “existía antes que el Estado español”, asegurando que fue “estado independiente con Tartessos y al-Andalus” (17/01/2014), afirmaciones sin fundamento ninguno, como bien dice Antonio Muñoz Molina.

http://www.masgranada.es

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